Cuánto cobrar como entrenador online: la cuenta que casi nadie hace
Busca «cuánto cuesta un entrenador personal online» y encontrarás decenas de artículos. Todos escritos para el cliente que pregunta el precio, no para ti, que tienes que decidirlo.
Por eso acabas haciendo lo mismo que casi todos: mirar lo que cobra la competencia, restarle un poco porque llevas menos tiempo, y salir al mercado con un número que no has calculado sino copiado.
Vamos a hacerlo al revés. De dentro hacia fuera.
El error de partida: pensar en el precio de la sesión
En presencial, el precio por sesión tiene sentido: vendes una hora, cobras una hora.
Online no vendes horas. Vendes un resultado sostenido en el tiempo, y el trabajo que lo produce está repartido de forma muy desigual: mucho al principio (valoración, diseño del programa, onboarding) y luego un goteo constante de revisiones, ajustes y mensajes.
Si cobras por sesión o por «plan», dos cosas malas pasan. La primera es que el cliente percibe que paga por un PDF. La segunda, peor: todo el trabajo invisible —responder dudas, revisar técnica por vídeo, ajustar cuando se estanca— queda sin remunerar y es justo lo que determina si consigue resultados.
Cobra por mes de acompañamiento. Es lo que de verdad entregas.
Paso 1: cuántos clientes puedes llevar de verdad
Esta es la cifra que casi nadie calcula y de la que depende todo lo demás.
Coge un cliente tuyo y suma el tiempo real de un mes:
- Revisión de registros y ajuste del programa: 20-30 min/semana
- Mensajería, dudas, revisión de vídeos: 15-30 min/semana
- Videollamada de seguimiento: 30-45 min/mes
- Rediseño del bloque cuando toca: 30-60 min/mes
Sale entre 3 y 5 horas al mes por cliente. Con más experiencia y mejores sistemas baja, pero no tanto como te gustaría: la parte que no se automatiza es precisamente la conversación.
Ahora, tu capacidad. Si dedicas 25 horas semanales a clientes —dejando el resto para captación, formación, administración y respirar— son unas 100 horas al mes. A 4 horas por cliente: 25 clientes. Y ese es el techo teórico, con todo funcionando bien.
Comprueba tu número real. Si llevas 30 clientes a 60 € y vas ahogado, no tienes un problema de precio: tienes un problema de capacidad que estás pagando con tu tiempo libre.
Paso 2: tu suelo por cliente
Ahora al revés, desde lo que necesitas ingresar.
Suma tus costes fijos mensuales: cuota de autónomos, software, seguro, gestoría, formación prorrateada, teléfono, lo que uses. Pongamos 600 € para el ejemplo.
Define tu objetivo de ingresos netos. No lo que te gustaría: lo que necesitas. Digamos 2.200 €.
Calcula el bruto necesario. Con IRPF e IVA por medio, y sin meterme en tu caso fiscal concreto, un margen de trabajo razonable es dividir el neto deseado entre 0,7 aproximadamente. Eso deja unos 3.150 €. Súmale los fijos: 3.750 € de facturación mensual objetivo.
Divide entre tu capacidad realista —no la máxima teórica, sino con la que quieres trabajar—. Con 20 clientes:
3.750 € ÷ 20 clientes = 187 € por cliente y mes
Probablemente ese número te ha sorprendido, porque está bastante por encima de lo que se ve anunciado.
Esa es exactamente la cuestión. Mucha gente en este sector cobra por debajo de su coste real y lo compensa trabajando más horas de las que cobra. Funciona un tiempo, y luego se llama burnout.
Paso 3: contrastar con el mercado (pero sin obedecerlo)
Ya tienes tu suelo. Ahora sí, mira fuera — no para copiar, sino para saber dónde te sitúas.
Si tu número sale muy por encima de lo que cobran otros, tienes tres salidas, y solo una es mala:
- Justificar el precio con un servicio que de verdad sea distinto: menos clientes, más contacto, especialización real.
- Reducir el coste por cliente con mejores sistemas, para que te cuadre con menos ingreso por cabeza.
- Bajar el precio y comerte la diferencia con tu tiempo. Esta es la mala, y es la que elige casi todo el mundo por defecto.
Un apunte sobre el rango: en España el coaching online serio se mueve aproximadamente entre 80 y 250 € al mes, con mucha dispersión según especialización y volumen de contacto. Por debajo de 80 € es muy difícil dar un servicio individualizado sin trabajar gratis; por encima de 250 € entras en un terreno donde el cliente espera una atención casi de consultoría.
El problema real no es el precio: es el número de clientes
Aquí está la trampa mental de la que cuesta salir. Si cobras poco, necesitas muchos clientes. Con muchos clientes, atiendes peor a cada uno. Si atiendes peor, consiguen peores resultados, se van antes, y necesitas captar más para reponer.
Es una rueda que gira cada vez más rápido y siempre en la misma dirección.
Compara dos escenarios con la misma facturación:
| Escenario A | Escenario B | |
|---|---|---|
| Clientes | 30 | 15 |
| Precio/mes | 75 € | 150 € |
| Facturación | 2.250 € | 2.250 € |
| Horas/mes en clientes | ~120 | ~60 |
| Tiempo por cliente | Escaso | Holgado |
Mismo dinero. En A trabajas el doble, das un servicio peor y tienes que reponer bajas constantemente. En B te sobran 60 horas al mes para captar mejor, formarte o simplemente no acabar quemado.
Subir el precio no es una estrategia de codicia. Suele ser una estrategia de supervivencia.
Cómo estructurar la oferta
Dos o tres niveles, no más. Con cuatro opciones el cliente no elige: se bloquea.
Una estructura que funciona:
- Base. Programa individualizado, revisión mensual, mensajería asíncrona con tiempo de respuesta comprometido. El grueso de tus clientes.
- Completo. Lo anterior más videollamada quincenal o mensual, revisión de técnica por vídeo y ajustes más frecuentes. Aquí está tu margen.
- Premium (opcional). Contacto directo, revisiones semanales, cupo muy limitado. Aunque casi nadie lo compre, hace que el intermedio parezca razonable.
Dos reglas. La primera: la diferencia entre niveles tiene que ser cantidad de contacto, no calidad del programa. Vender un programa peor a quien paga menos es una mala idea, comercial y profesional. La segunda: descuento por permanencia, no por volumen de sesiones. Trimestral con 10-15% de descuento mejora tu previsión de ingresos y, de paso, la adherencia del cliente: quien ha pagado tres meses no abandona en la semana tres.
Cuándo y cómo subir precios
Señales de que llegas tarde:
- Te entra todo el que pregunta. Si no pierdes ninguna venta, estás barato.
- Estás a tope de capacidad y no llegas a tu objetivo de ingresos.
- Llevas más de dos años con la misma tarifa. Solo la inflación ya te ha bajado el precio real.
- Trabajas más horas de las que cobras, sistemáticamente.
Cómo hacerlo sin drama:
- Sube primero a los nuevos. Precio nuevo desde una fecha, sin tocar a los actuales. Sin conflicto y te da datos: si siguen entrando, el precio era bajo.
- A los antiguos, con aviso y margen. Un mes de antelación mínimo, y con contexto de lo que has mejorado.
- Ofrece congelar precio a quien pase a trimestral o anual antes de la subida. Muchos lo aceptan y te llevas caja por adelantado.
- No te disculpes. Comunicas una decisión, no pides permiso. Si el mensaje transmite culpa, invitas a negociar.
Perderás a alguien. Suele ser quien más regateaba y más tiempo consumía. Haz la cuenta antes de asustarte: subir un 25% te permite perder un 20% de la cartera y seguir facturando igual, con menos trabajo.
Empieza por aquí
- Cronometra una semana real con un cliente concreto. Sabrás tu coste en tiempo, que es tu coste de verdad.
- Haz la cuenta del paso 2 con tus números. Aunque el resultado te incomode.
- Compara con lo que cobras ahora. Si hay diferencia, ya sabes de cuánto es el problema.
- Sube a los nuevos primero. Es la forma más barata de averiguar si el mercado aguanta tu precio.
El precio no sale de mirar a la competencia. Sale de lo que cuesta dar tu servicio bien y de cuántas personas puedes atender sin que la calidad se resienta. Cuando lo calculas así, defenderlo es fácil: sabes de dónde viene el número.
Los cálculos fiscales de este artículo son orientativos y simplificados. Para tu situación concreta —IRPF, IVA, tramos y deducciones— consulta con tu gestoría.